jueves, 5 de mayo de 2016

Irene X

No sé qué tiempo hace aquí, al norte, pero sé que ahí donde estás hace sol. No me lo ha contado nadie, lo he visto en el telediario. Cubrían un suceso, no eras tú. Y hacía sol. Seguro que te ha costado abrir los ojos, después de la fiesta que seguro te regalarías anoche.
Y por un momento, mientras una punzada atravesaba tu cabeza, has contemplado la posibilidad de pasar el día en la cama.
Has jugado a ser gato y te has estirado de tal forma que has creído que podrías alcanzarme. Al final has salido de la cama, tú que sabes cómo salir de las adicciones. Y has bajado espléndida a la calle, con ese aire enfermizo cargado de belleza que te sacuden las resacas.
Estarás bebiendo cerveza y no te acordarás de mí. Hasta los quinta por lo menos. Alguien de ese ejército que llamas amigos de una noche estará recogiéndote del pelo detrás de la oreja. Seguro que sonríes conformista, como sabiendo que es lo mejor que va a pasar hoy.
Ayer volví a fumar demasiado. Y te imaginé desnuda de espaldas a una puerta. Nos imaginé pasando un buen día, tal vez una buena temporada. Pensé que debería llamarte, para contártelo. Y tal vez de esta forma tú podrías haberme confirmado su tuve un orgasmo o una premonición.
Aunque estarás ocupada porque evadirse ocupa espacio y no quise molestarte con mis tonterías.
Con mis deseos de niña que reparte el periódico a gritos sin noticias que ofrecer, con este extra de tristeza; con mil nimiedades, con estas ganas tontas de violarte dócil a plena luz de la noche y este miedo a que se haga otra vez de día y no te duela.

domingo, 1 de mayo de 2016

Intocable

Él es intocable.

Intocable
e irreverente.

Nunca le he visto vacilar
ni dejar de sonreír.

Intocable, irreverente, insolente y deslenguado.

Él es intocable,
con esos enormes ojos verdes que idiotizan,

Te idiotizan,
de verdad!
Lo he visto, y lo he vivido.
Te paralizan y no dejan salir un sonido de tu garganta.

Tiene todo el poder del mundo con sus palabras,
y no sabéis qué palabras.
Parecieran balas envueltas en fuego,
o algodón de azúcar cuando apagas la luz.

Desobediente, su postura favorita.

Cualquier ataque es en vano,
no podéis tocarle.
Él siempre estará por encima de vuestro humo.
Porque es mucho más fuerte que cualquiera de vuestros intentos.
Y mucho más grande.
Sólo podéis sentiros pequeños e insignificantes en su presencia.

Porque es tan intocable que todos desean acariciarle,
pero él nunca deja que lo hagan.
Ser intocable conlleva que nadie podrá herirle, 
pero tampoco alcanzará a sentirle.

Es tan intocable

que una vez

conseguí acariciarle

y descubrí que lo único que quería es que alguien le tocara.