Cada noche me encuentro
gente solitaria paseando a sus perros.
Me pregunto
cuántos de ellos buscan una excusa
para salir solos a dar una vuelta con su mascota.
A veces también pienso
que en cierto modo yo también lo hago.
Que tienen razón
todos esos que dicen que soy un poco perra,
así que me saco a mí misma a pasear.
No necesito que nadie lo haga.
Que aunque me guste que me aten
no me gustan las ataduras.
Que las correas y las cuerdas en el cuello puede que me atraigan,
pero no en mi mente.
Mi mente,
que se expande tanto como quiero
-apenas puedo ya controlarla-.
Escribo estas líneas con dedos temblorosos,
porque mis manos ya no pueden contener mi alma
y me traicionan las ganas de vomitar palabras
o vomitar colores sobre un lienzo.
domingo, 27 de marzo de 2016
domingo, 13 de marzo de 2016
Historia de un paseo
Cuando no soporto la cárcel que es mi cuerpo,
me escapo al mar.
Es ese amigo confidente e incansable que siempre logra emocionarte.
Es el único que ya me emociona.
Corro hacia el mar y cuando llego a él, lloro.
Lloro porque nadie más me escucha gritar,
lloro porque no podrían comprender que a veces quiera saltar a abrazarte para siempre.
Hoy encontré a una chica sentada entre las rocas,
mirando el mar.
Al principio sentí complicidad.
Después, tristeza.
Si huye al mar por las mismas razones que yo, entonces necesita un abrazo con urgencia.
Y por último sentí miedo,
por si también a ella se le pasaba por la cabeza saltar desde la roca más alta.
Horas después nos encontramos de nuevo.
Suspiré aliviada de que no saltara,
y a su vez, miré las rocas...
Sigo intentando escoger la roca perfecta.
me escapo al mar.
Es ese amigo confidente e incansable que siempre logra emocionarte.
Es el único que ya me emociona.
Corro hacia el mar y cuando llego a él, lloro.
Lloro porque nadie más me escucha gritar,
lloro porque no podrían comprender que a veces quiera saltar a abrazarte para siempre.
Hoy encontré a una chica sentada entre las rocas,
mirando el mar.
Al principio sentí complicidad.
Después, tristeza.
Si huye al mar por las mismas razones que yo, entonces necesita un abrazo con urgencia.
Y por último sentí miedo,
por si también a ella se le pasaba por la cabeza saltar desde la roca más alta.
Horas después nos encontramos de nuevo.
Suspiré aliviada de que no saltara,
y a su vez, miré las rocas...
Sigo intentando escoger la roca perfecta.
miércoles, 2 de marzo de 2016
A pesar del miedo
"Hice de mí lo que no supe,
y lo que podía haber hecho de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
De primeras me tomaron por quien no era y no lo desmentí,
y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara
la tenía pegada a la cara.
Cuando me la quité y me vi en el espejo
ya había envejecido.
Estaba borracho, ya ni sabía llevar el disfraz que no me había quitado."
Fernando Pessoa
Una noche nada especial, en las que como siempre encuentras a gente nada especial, conocí a alguien común, uno más. Le bastaron un par de horas, solo un par de horas para demostrarme que no lo era. Tan fuerte que supe enseguida que por dentro estaba aterrado. No es que yo tenga una intuición fuera de lo común, es que él es igual que yo.
Unos días después de aquella noche, volvimos a vernos. Todo igual: música, alcohol...y de pronto descubrió sus miedos ante mí entre lágrimas. Esa noche supe que teníamos algo en común y que no debía olvidarlo.
Tras aquellas horas juntos, cada día íbamos descubriendo más el uno para el otro, a pesar del miedo. Y a cada momento podía ver más gestos, más detalles, más secretos escondidos entre palabras. Nos refugiábamos en la oscuridad para poder decir en voz baja aquello que nunca contábamos, y que por alguna razón sabíamos que nadie más podría entender. A los que nos mantenemos siempre fuertes también nos gusta que nos abracen, también necesitamos llorar mientras decimos "te quiero".
Hablábamos sin parar en noches con olor a mar. Abrazados o caminando bajo las estrellas sin tocarnos, pero sabiendo que no estábamos solos, que nos teníamos el uno al otro.
Me acompañó a estar sola, a besarle en la frente cuando se quedaba por fin dormido, y sonreirle cuando al despertar aseguraba odiarme por convertirse en un adicto a dormir a mi lado.
Y cuando por fin se deshace de su disfraz, ese que cree que esconde un monstruo, yo veo mi reflejo, pero mejorado. Porque donde yo siembro dolor, resentimiento y rencor con mentiras, él aparece con su verdad luminosa.
Él es quien, con su recuerdo, hace que sonría y sienta que alguien a cientos de kilómetros me comprende.
Olvidad lo que creéis saber sobre el amor, solo cuando encontréis a alguien como él podréis entenderlo. Él es el tesoro que jamás querría compartir, y nunca un "te quiero" os reconfortará tanto como cuando él lo dice, lo escribe o lo llora.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
