Cada noche me encuentro
gente solitaria paseando a sus perros.
Me pregunto
cuántos de ellos buscan una excusa
para salir solos a dar una vuelta con su mascota.
A veces también pienso
que en cierto modo yo también lo hago.
Que tienen razón
todos esos que dicen que soy un poco perra,
así que me saco a mí misma a pasear.
No necesito que nadie lo haga.
Que aunque me guste que me aten
no me gustan las ataduras.
Que las correas y las cuerdas en el cuello puede que me atraigan,
pero no en mi mente.
Mi mente,
que se expande tanto como quiero
-apenas puedo ya controlarla-.
Escribo estas líneas con dedos temblorosos,
porque mis manos ya no pueden contener mi alma
y me traicionan las ganas de vomitar palabras
o vomitar colores sobre un lienzo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario