El pesimismo te hunde el pecho y el aire deja de llenar tus pulmones, como si el espacio se dilatara y el tiempo girara en espiral.
E intentas mirar hacia un punto fijo, como cuando te mareas en alta mar, y te das cuenta de que nada permanece inmóvil, y que estás solo.
Y comprendes que todos esos cuentos que te contaron no eran ciertos, que al final estamos solos y que nadie va a venir a salvarte.
Que nadie va a venir a salvarte...
Que estás solo...

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