martes, 19 de julio de 2016

El amor de mi herida

"Que le digan a mi padre que lo quiero
y a mis hijos que mejor no pude hacerlo,
a Ella no le digan que estoy muerto."
Carlos Salem


El orgullo me arrastró a dejar de hablarle,
como un río que se desborda y no deja nada entero a su paso.
El orgullo se desbordó en mí y lo inundó todo.

Y no solo en mí,
también en él.

Por eso, hoy dejé que me lamieran otras miradas,
permití que sus palabras se deslizaran sobre mí.
Y aunque no sentí nada
por un momento imaginé que él estaba ahí.

Él, que sí que toca mi piel
mientras se eriza bajo sus dedos.
Él, que paraliza cualquiera de mis movimientos cuando me mira.

Que no necesita nada para que me pase las horas pensando en cómo abordarle de nuevo
sin reconocer que me he dejado ganar una vez más.
Que las batallas de quién-puede-más no van conmigo
desde que interioricé la brevedad de los días.

Pero aquí sigo,
pensando en cómo hacerte daño,
porque al menos quiero hacerte sentir algo.

De quién morderé los labios esta noche por despecho?
Ante quién abriré las piernas pensando que así cierro heridas?

Lo llamamos orgullo, 
pero los dos sabemos que es miedo.
Y mientras tú desapareces sin dejar rastro,
yo me guardo en el bolso unos cuantos pecados más. 
Lo suficientemente sucios y rastreros para herirte,
los mismos que jamás confesaría por no herirte.

Que para el amor de mi herida
solo tengo buenos deseos,
malos pensamientos,
decenas de venganzas sin emprender
y miles de noches de insomnio.

jueves, 5 de mayo de 2016

Irene X

No sé qué tiempo hace aquí, al norte, pero sé que ahí donde estás hace sol. No me lo ha contado nadie, lo he visto en el telediario. Cubrían un suceso, no eras tú. Y hacía sol. Seguro que te ha costado abrir los ojos, después de la fiesta que seguro te regalarías anoche.
Y por un momento, mientras una punzada atravesaba tu cabeza, has contemplado la posibilidad de pasar el día en la cama.
Has jugado a ser gato y te has estirado de tal forma que has creído que podrías alcanzarme. Al final has salido de la cama, tú que sabes cómo salir de las adicciones. Y has bajado espléndida a la calle, con ese aire enfermizo cargado de belleza que te sacuden las resacas.
Estarás bebiendo cerveza y no te acordarás de mí. Hasta los quinta por lo menos. Alguien de ese ejército que llamas amigos de una noche estará recogiéndote del pelo detrás de la oreja. Seguro que sonríes conformista, como sabiendo que es lo mejor que va a pasar hoy.
Ayer volví a fumar demasiado. Y te imaginé desnuda de espaldas a una puerta. Nos imaginé pasando un buen día, tal vez una buena temporada. Pensé que debería llamarte, para contártelo. Y tal vez de esta forma tú podrías haberme confirmado su tuve un orgasmo o una premonición.
Aunque estarás ocupada porque evadirse ocupa espacio y no quise molestarte con mis tonterías.
Con mis deseos de niña que reparte el periódico a gritos sin noticias que ofrecer, con este extra de tristeza; con mil nimiedades, con estas ganas tontas de violarte dócil a plena luz de la noche y este miedo a que se haga otra vez de día y no te duela.

domingo, 1 de mayo de 2016

Intocable

Él es intocable.

Intocable
e irreverente.

Nunca le he visto vacilar
ni dejar de sonreír.

Intocable, irreverente, insolente y deslenguado.

Él es intocable,
con esos enormes ojos verdes que idiotizan,

Te idiotizan,
de verdad!
Lo he visto, y lo he vivido.
Te paralizan y no dejan salir un sonido de tu garganta.

Tiene todo el poder del mundo con sus palabras,
y no sabéis qué palabras.
Parecieran balas envueltas en fuego,
o algodón de azúcar cuando apagas la luz.

Desobediente, su postura favorita.

Cualquier ataque es en vano,
no podéis tocarle.
Él siempre estará por encima de vuestro humo.
Porque es mucho más fuerte que cualquiera de vuestros intentos.
Y mucho más grande.
Sólo podéis sentiros pequeños e insignificantes en su presencia.

Porque es tan intocable que todos desean acariciarle,
pero él nunca deja que lo hagan.
Ser intocable conlleva que nadie podrá herirle, 
pero tampoco alcanzará a sentirle.

Es tan intocable

que una vez

conseguí acariciarle

y descubrí que lo único que quería es que alguien le tocara.

domingo, 27 de marzo de 2016

Vomitar arcoiris y algún verso

Cada noche me encuentro
gente solitaria paseando a sus perros.

Me pregunto
cuántos de ellos buscan una excusa
para salir solos a dar una vuelta con su mascota.

A veces también pienso
que en cierto modo yo también lo hago.

Que tienen razón
todos esos que dicen que soy un poco perra,
así que me saco a mí misma a pasear.

No necesito que nadie lo haga.

Que aunque me guste que me aten
no me gustan las ataduras.
Que las correas y las cuerdas en el cuello puede que me atraigan,
pero no en mi mente.

Mi mente,
que se expande tanto como quiero
-apenas puedo ya controlarla-.

Escribo estas líneas con dedos temblorosos,
porque mis manos ya no pueden contener mi alma
y me traicionan las ganas de vomitar palabras
o vomitar colores sobre un lienzo.


domingo, 13 de marzo de 2016

Historia de un paseo

Cuando no soporto la cárcel que es mi cuerpo,
me escapo al mar.

Es ese amigo confidente e incansable que siempre logra emocionarte.

Es el único que ya me emociona.

Corro hacia el mar y cuando llego a él, lloro.
Lloro porque nadie más me escucha gritar,
lloro porque no podrían comprender que a veces quiera saltar a abrazarte para siempre.

Hoy encontré a una chica sentada entre las rocas,
mirando el mar.

Al principio sentí complicidad.
Después, tristeza.
Si huye al mar por las mismas razones que yo, entonces necesita un abrazo con urgencia.

Y por último sentí miedo,
por si también a ella se le pasaba por la cabeza saltar desde la roca más alta.

Horas después nos encontramos de nuevo.
Suspiré aliviada de que no saltara,
y a su vez, miré las rocas...

Sigo intentando escoger la roca perfecta.

miércoles, 2 de marzo de 2016

A pesar del miedo

"Hice de mí lo que no supe,
y lo que podía haber hecho de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
De primeras me tomaron por quien no era y no lo desmentí,
y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara 
la tenía pegada a la cara.
Cuando me la quité y me vi en el espejo
ya había envejecido.
Estaba borracho, ya ni sabía llevar el disfraz que no me había quitado."
Fernando Pessoa


Una noche nada especial, en las que como siempre encuentras a gente nada especial, conocí a alguien común, uno más. Le bastaron un par de horas, solo un par de horas para demostrarme que no lo era. Tan fuerte que supe enseguida que por dentro estaba aterrado. No es que yo tenga una intuición fuera de lo común, es que él es igual que yo.

Unos días después de aquella noche, volvimos a vernos. Todo igual: música, alcohol...y de pronto descubrió sus miedos ante mí entre lágrimas. Esa noche supe que teníamos algo en común y que no debía olvidarlo.

Tras aquellas horas juntos, cada día íbamos descubriendo más el uno para el otro, a pesar del miedo. Y a cada momento podía ver más gestos, más detalles, más secretos escondidos entre palabras. Nos refugiábamos en la oscuridad para poder decir en voz baja aquello que nunca contábamos, y que por alguna razón sabíamos que nadie más podría entender. A los que nos mantenemos siempre fuertes también nos gusta que nos abracen, también necesitamos llorar mientras decimos "te quiero".


Hablábamos sin parar en noches con olor a mar. Abrazados o caminando bajo las estrellas sin tocarnos, pero sabiendo que no estábamos solos, que nos teníamos el uno al otro.

Me acompañó a estar sola, a besarle en la frente cuando se quedaba por fin dormido, y sonreirle cuando al despertar aseguraba odiarme por convertirse en un adicto a dormir a mi lado.

Y cuando por fin se deshace de su disfraz, ese que cree que esconde un monstruo, yo veo mi reflejo, pero mejorado. Porque donde yo siembro dolor, resentimiento y rencor con mentiras, él aparece con su verdad luminosa. 

Él es quien, con su recuerdo, hace que sonría y sienta que alguien a cientos de kilómetros me comprende.



Olvidad lo que creéis saber sobre el amor, solo cuando encontréis a alguien como él podréis entenderlo. Él es el tesoro que jamás querría compartir, y nunca un "te quiero" os reconfortará tanto como cuando él lo dice, lo escribe o lo llora.


jueves, 11 de febrero de 2016

Su mirada

Podría escribir versos eternamente
hablando de su mirada.

Podría describir con sucias palabras vulgares

todo aquello que encierra,
todo lo intangible que crees que puedes tocar como algo mágico.

Pero creo que jamás podría atrapar la luz de sus ojos,

esa escarcha cálida que se queda adherida a mi piel,
que me impide cerrar los ojos.

Y quiero retener esa imagen para siempre en mi mente,

porque sé que será uno de los archivos favoritos en mi memoria.

También podría escribir mil versos

definiendo la sensación de acariciar su nuca
y enredarse en su pelo.

Mil versos no encerrarían una descripción acertada 

a su sonrisa.
No existen palabras suficientes.

Maravilloso y mágico el momento en que sonríes.


Maravilloso y único en mi memoria, ahora que no lo tengo.

Lo que sobra - Carlos Salem

Ahora que todo 
ha quedado en nada
me sobran los dedos que hasta hace poco se turnaban
para buscarte resortes y cosquillas 

en la compleja maquinaria que ocultas entre las piernas

Ahora que todo 

ha quedado en nada
mi boca sólo sirve para boquear besando al aire del cigarro
o masticar alguno de tus platos favoritos 

como si te masticara
Y no es lo mismo.

Ahora que todo 

ha quedado en nada
mi sexo se convierte en un absurdo artilugio para mear llorando
una molestia que me impide dormir de lado
un polo de ceniza y fresa
un tizón helado

Ahora que todo 

ha quedado en nada
los poemas que escribo me suenan a declaración de la renta
y en cada verso me defraudo

y en cada verso te desgravo
intento la venganza de un soneto
pero siempre me rima con “afrenta”
y todas las palabras se me deshacen entre los verbos

Ahora que todo 

ha quedado en nada
mis ojos son tajos en la cara
que froto contra la pantalla de la tele
o en tu inolvidable sonrisa que se burla 

en cada foto.

Ahora que todo
ha quedado en nada
me sobra todo.
O tal vez no.
Creo que no.
Seguro que no.
No me sobran 

ni los dedos ni la boca ni los versos
Ni los ojos ni la polla.
Me sobras tú.
Por eso me pido otra cerveza
y espero ver entrar por esa puerta
a la mujer
que te borre para siempre
esa jodida sonrisa
de las fotos.

viernes, 15 de enero de 2016

Miedo

"Miedo a que me tengas miedo, 
a tenerte que olvidar.
Miedo de quererte sin quererlo,
de encontrarte de repente,
de no verte nunca más."

Cada día empieza como el anterior,
silencio que hace demasiado ruido,
soledad de rayos de sol que no calientan la piel,
café con kilos de azúcar que intentan endulzar una realidad demasiado amarga.

Ni siquiera llueve para hacer más llevadero este paseo diario 
al cementerio.

Y esos que pensaban que me acompañarías siempre...
¿qué decir?
Sigo soñando con despertar durante la noche y verte ahí.

Qué difícil es no espantar a un gato callejero.
Qué impotencia saber que estás tan cerca
y que te alejes.

Y que te dejes llevar por el miedo,
miedo de mi y de lo que sientes,
miedo del daño que pueda hacerte.

Yo sé que tengo la llave del dolor,
siempre la he tenido.
Pero esta vez no quería usarla.

Esta vez no.

Esta vez lo estoy haciendo bien.

Esta vez...lo...estaba...haciendo bien.


Malditas canciones tristes en días soleados.